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En la vida te puede tocar la lotería de muchas maneras diferentes, y una de ellas, como es el caso de Marlene Engelhorn, es por herencia. Esta joven de 29 años es estudiante de Lengua y Literatura alemana en Viena, pero es más conocida por ser descendiente de los fundadores de la compañía BASF, una de las mayores empresas químicas del mundo y que en 2021 tuvo unos ingresos por valor de más de 78.000 millones de dólares.

La joven es descendiente de Friedrich Engelhorn, el hombre que fundó la empresa Badische Anilin-und Soda-Fabrik, más conocida por BASF, en la actualidad la compañía química más grande del mundo. Friedrich Engelhorn dejó la compañía en 1883 e invirtió su dinero en la farmacéutica Boehringer Mannheim. Su nieto Curt dirigió esta firma hasta 1997, antes de vender el grupo a la suiza Hoffmann-La Roche por 11.000 millones de dólares.

No obstante, Engelhorn lleva unas semanas en los medios por rechazar el 90% de la parte que le toca por herencia. ¿El motivo? No quiere ser “tan rica”. Así lo aseguró en diferentes entrevistas en medios alemanes y austríacos. La joven, que destaca por liderar movimientos con una importante conciencia de clase, defiende una mayor redistribución de la riqueza y que aquellos que más dinero tienen, más impuestos deben pagar.

La joven austriaca, a la que su entorno achaca un complejo de niña rica, y otros 49 herederos de multimillonarios que piensan igual fundó la iniciativa Taxmenow. Esta fundación fomenta la idea de que el Estado asuma el grueso de las fortunas y se encargue de gestionarlas. «Gestionar ese patrimonio conlleva mucho tiempo. No es ese mi proyecto de vida. No es que no quiera ser rica, es que no quiero ser tan rica», reconoce.

Su abuela ocupa la posición número 687 en el ranking de personas más ricas del mundo, según la revista Forbes. Una fortuna generada a partir de los más de 150 años de la compañía, cuyos beneficios parecen incomodar a la protagonista de esta historia: “No debería ser mi decisión qué hacer con el dinero de mi familia, por el cual no trabajé yo”, explica en una de las entrevistas.

«Justicia social»
Engelhorn no rehuye de su condición privilegiada de “niña rica” -dicho por ella misma- y es sabedora de que gracias a haber nacido donde nació tuvo unas facilidades a las que no todo el mundo puede acceder. Sin embargo, considera que todo tiene un límite y que nadie debería amasar cantidades terribles de dinero mientras haya una desigualdad tan latente en la sociedad.

Ella es firme defensora de que no necesita tanto dinero. En primer lugar, porque no sabría qué hacer con él, y en segundo, porque considera que demasiado dinero solamente conlleva tensiones, problemas y malos entendidos. “No podría ser feliz”, reafirma.

“No se trata de una cuestión de voluntad, sino de equidad. No he hecho nada para recibir este legado. Esto es pura suerte en la lotería del nacimiento y pura coincidencia”, defiende.

Una mentalidad que la ha llevado a ser una firme defensora de la justicia social, motivo por el cual creó AG Steuersrechtigkeit, un movimiento que ha mutado por toda Europa bajo la nomenclatura de Taxmenow, y que consiste en que herederos de grandes fortunas renuncian a ellas en pro de una mayor tasa impositiva para los ricos. “Como alguien que ha disfrutado de los beneficios de la riqueza toda mi vida, sé lo sesgada que está nuestra economía y no puedo seguir sentada y esperando que alguien, en algún lugar, haga algo”, explicaba en BBC.

Redistribución de la riqueza, impuestos a millonarios e importantes cambios estructurales en los altos cargos son algunas de las peticiones de Engelhorn para lograr una mayor equidad social.